Tauromaquia de Verso y Son

Recital homenaje a Ignacio Sánchez Mejías

En la víspera del 84 aniversario de la mortal cogida del diestro sevillano en la Plaza de Toros de Manzanares, el 10 de agosto, en la Casa Malpica, sede del Archivo-Museo Sánchez Mejías, tuvo lugar un recital poético-musical de recuerdo y homenaje a este peculiar y polifacético personaje, con asistencia de un numeroso grupo de personas que ocupaba por completo los asientos dispuestos en el patio y el corredor de este excepcional museo manzanareño, asistiendo, en representación del Equipo de Gobierno, la concejala de Cultura, Silvia Cebrián y numerosos miembros del Círculo Cultural Taurino Sánchez Mejías.

En la primera parte, titulada POESÍA MUSICALIZADA, el rapsoda y narrador, Pedro Morallón Ballesteros y el profesor y concertista de guitarra Adrián Fernández Arcediano, mano a mano y con una inigualable maestría, fueron desgranando poesías, alusivas al mundo del toro, comenzando con los cuatro poemas de la ELEGÍA POR LA MUERTE DE IGNACIO SANCHEZ MEJÍAS, de Federico García Lorca, para continuar con dos de Miguel Hernández, COMO EL TORO y LLAMO AL TORO DE ESPAÑA, siguiendo con dos de Gerardo Diego, TORERILLO EN TRIANA y SUERTES Y LANCES DEL TOREO y finalizando con TORO EN EL MAR, de Rafael Alberti.

El ritmo, la cadencia, los sonidos y los silencios, iban llevando a los asistentes, paso a paso, en pos de la palabra y la música, reconfortando y estimulando a la vez.

A continuación, en la segunda parte, titulada MUSICA TAURINA, Pedro Morallón se convirtió en narrador-presentador y Rosario Guerra Pérez, con su flauta travesera acompañó a la guitarra de Adrián Fernández Arcediano, en la interpretación de cinco pasodobles: GALLITO, FRANCISCO ALEGRE, CAPOTE DE GRANA Y ORO, EL GATO MONTÉS y SUSPIROS DE ESPAÑA, que sonaron impecablemente y provocaron los encendidos aplausos de los asistentes, gratamente sorprendidos.

Para finalizar, subió al estrado Pedro Morallón y nos regaló el poema de Luis Fernández Ardavin, EN LA MUERTE DE SANCHEZ MEJÍAS, tras de lo cual y de nuevos aplausos, se dio por concluido el acto.  

Hay que reconocer que, empezando por el marco y concluyendo con la calidad de los intérpretes, un acto sencillo devino en algo gratificante e inolvidable para los presentes.

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