Por Enri García Chaparro

No somos conscientes del paso del tiempo ni valoramos a lo que habitualmente estamos acostumbrados a tener hasta que un día, y de un plumazo, nos lo arrebatan todo.

Este año 2020 es un año para olvidar. Pero, contradictoriamente, será el año del recuerdo, el que irá tatuado en nuestra piel, en nuestro corazón y en nuestra memoria hasta el final de nuestros días.

Somos inconformistas por naturaleza, motivo por el cual no solemos apreciar las pequeñas cosas que, tras perderlas, se nos manifiestan de manera desproporcionada con un valor añadido incalculable.

Manzanares es un pueblo con una gran actividad social. Hemos visto, con desolación, lo que una pandemia es capaz de generar a nivel económico, lúdico, intelectual, vecinal…

Cuando en diciembre del año pasado se comenzaba a escuchar lo de “ese virus que había en China” parecía inimaginable que fuera a llegar hasta aquí, hasta un pueblo de la Mancha con una población de dieciocho mil habitantes. Un pueblo, donde al menos, una vez al mes, disfrutamos de algún tipo de celebración.

Comenzó enero y nuestras calles estuvieron iluminadas con la ilusión de recibir a los Reyes Magos de Oriente. Los que después dieron paso a nuestros Santos Viejos hasta llegar a Carnaval. Y ahí quedó la cosa porque ya el fatídico 14 de marzo el gobierno de la nación nos daba una de las peores noticias que hubiéramos querido escuchar: España entraba en Estado de alarma. Un jarro de agua fría, una incertidumbre cortante, en una situación irreconocible.

Y pasó marzo, y abril, y no hubo Semana Santa, ni tampoco celebramos la romería de San Isidro, ni las comuniones, ni el Corpus, ni el día de la Comunidad. Fercam fue improvisado de manera virtual, y quedaron las catas y los tractores abandonados en el corazón.  Y cuando pudimos salir a la calle el dolor y la angustia se reflejaba en cada situación. Y con ello acabó agosto y la ansiada espera para disfrutar de nuestro querido Patrón quedó postergada también. Ni fiestas patronales ni Jornadas Medievales.  Y ahora llegan los Santos y hay más gente en el cementerio y llegará, por supuesto, diciembre, y una Navidad distinta donde apenas habrá nada que celebrar… y el giro se habrá completado.

Esto en lo referente a lo lúdico y social. Cuando aún tenemos las bibliotecas cerradas, el teatro vacío, las conferencias virtuales y nuestras aulas a la espera de nada malo ocurra.

¿Y la economía? Nuestro pueblo cuenta con un polígono industrial donde trabajan miles de personas. Fijas, eventuales, temporales…con un eje geográfico que nos sitúa en un punto estratégico de unión con el resto de comunidades. Empresas con muchos, muchos años de antigüedad y otras de nueva creación. Empresas que en tal solo unas horas tuvieron que actuar de manera crítica e inmediata para buscar soluciones al sustento de tantas y tantas familias. Empresas que, a día de hoy siguen intentando salir adelante por el bien de todos.

Pero también Manzanares cuenta con centenares de pequeños negocios, de autónomos que han visto cómo las puertas de sus negocios se han cerrado y muchas para no volverse a abrir.

Ante esta situación de calamidad, para la que no se estaba preparado, han surgido familias enteras al borde de la ruina. Familias cercanas, vecinas, cuya situación económica ha sido enormemente mermada. Los servicios sociales municipales, así como Cruz Roja o Cáritas han visto incrementada su lista de auxilio social.

No podemos quedarnos impasibles ante lo que está ocurriendo, ante lo que esta pandemia con nombre propio nos ha traído y, con certeza, se quedará con nosotros durante un largo periodo de tiempo.

No debemos olvidarnos de nadie. Ahora no valen las quejas ni la inconformidad. Ahora debemos de mantenernos unidos, fuertes, cuidarnos entre todos y conseguir salir adelante a pesar de las secuelas.

 

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