Ángel García – Consuegra Guijarro.

“Imaginaos lo duro que es cuando estás dando misa, mirar al frente y ver que faltan personas”

Enfermeros, médicos, personal sanitario, repartidores, cajeros de supermercado… y sacerdotes. De forma callada, han hecho una labor muy importante como es la de acompañar a las familias en unos momentos realmente complicados para todos. Hablamos con José Felipe, párroco de Manzanares y encargado de toda la actividad parroquial de dicho pueblo durante el confinamiento. Cuando se cumple más de un año del primer estado de alarma en España, charlamos con él sobre lo vivido en aquella época.

Pregunta: La iglesia vacía, pegatinas en los bancos para poder sentarse, gel hidroalcohólico… Hace ya más de un año desde que empezó esta situación tan anómala que estamos viviendo, ¿cómo lo recuerdas?

Respuesta: Lo primero fue la sorpresa, es decir, en la parroquia el primer día que tuvimos que decir que la gente no viniera a la misa fue precisamente un domingo. Yo iba a celebrar misa en la Divina Pastora y por distintos grupos de WhatsApp de sacerdotes empezaron a decir que la gente tenía miedo, que la situación era muy compleja y, de hecho, mi última misa con presencia de gente fue ese día con seis o siete personas. En cuanto terminé, fui a la Parroquia de Altagracia y colocamos los carteles en los que decía que se terminaba el culto público hasta nuevo aviso. Fue un día muy complejo porque no sabíamos muy bien qué iba a pasar.

P.: Después llega la dispensa eucarística del Obispo. ¿Fue ahí o en otro momento?

R.: Salió justo el lunes, al día siguiente. De todos modos, antes en algunas iglesias la policía se personó para ver cómo lo estábamos haciendo porque creo que incluso ni ellos sabían muy bien cómo estaba la situación. A nosotros nos avisaron algunos compañeros, llamamos al Obispado y nos dijeron que el lunes era cuando iba a salir la despensa, pero que el domingo ya dijésemos que si la gente no tenía que ir a las celebraciones pues que no fuera por el inicio de esta pandemia que ya sí que se nos acercaba de una manera tangible.

P.: En ese contexto se te ocurre una idea muy diferente. Con el objetivo de acercar las misas a la gente, decides retransmitirla por el perfil parroquial de Facebook. ¿Cómo fue y cómo se te ocurrió?

R.: Surgió de la manera más sencilla posible. A veces las cosas no están muy pensadas o razonadas. Ese mismo domingo mientras estaba celebrando la misa en la Divina Pastora, como digo, con apenas seis personas, yo eché una foto a las especies eucarísticas y las mandé a distintos grupos de la parroquia, diciendo que, aunque no pudieran estar en misa, los sentía conmigo. Mucha gente empezó a responderme y a agradecerme eso que había hecho. Ahí fue donde surgió la posibilidad de poder celebrar a través de nuestra página de Facebook las misas en directo, que luego estuvieron más de dos meses celebrándose por la buena acogida que tuvieron.

Empezamos a publicitarlo y a avisar a la gente de lo que íbamos a hacer. Había entonces gente mayor que no tenía perfil en Facebook y hubo casos tan peculiares como una familia que hizo una videollamada a un familiar suyo y le ponían la celebración desde ahí, también hubo otros que se crearon perfiles específicamente para eso, etc. Fue todo muy curioso y poco a poco la acogida que tuvo fue muy buena tanto de gente de Manzanares como de gente de fuera.

P.: Y tú como sacerdote, ¿cómo es eso de tener que dar una misa con la Iglesia prácticamente vacía hablándole a un teléfono móvil?

R.: Como te puedes imaginar, el principio fue muy extraño. Es cierto que yo, por la peculiaridad de mi labor pastoral, que no solo se centra aquí en Manzanares, sino en la delegación de jóvenes y en otros ámbitos a nivel nacional e internacional, sí que tenía experiencia de charlas, por lo que ya sabía algo de todo esto. Lo que sí es verdad es que no había celebrado sacramentos delante de un móvil y al principio me resultó muy extraño. No tener la presencialidad de la gente, sabía que estaban ahí, pero cuando levantaba la cabeza no veía nadie. En seguida, todos los comentarios hacían que se sintiera cercano, pero eso no quita que sea muy extraño, no lo voy a negar.

P.: Llega el estado de alarma, imagino que te reúnes con el resto de sacerdotes de la Unidad Pastoral de Manzanares y decides tomar una decisión. Eres el más joven de todos y decides encargarte de la actividad parroquial de un pueblo en una circunstancia tan complicada y nunca antes vivida. ¿Cómo fue eso para ti y adoptar una responsabilidad tan grande?

R.: Al principio no sabíamos muy bien cómo actuar ni qué hacer. Sí que empecé a enterarme de que hay gente que fallece, tanto por COVID como por otras razones, pero no podemos celebrar funerales. En ese momento escuché en las noticias que se permite que haya una persona del culto para estar con la familia. Enseguida llamé a los otros sacerdotes a través de una videollamada y decidimos hablar con las funerarias para que nos avisasen y en la medida de lo posible poder acompañar. Yo soy el más joven y los demás, o bien por edad o bien por convivir con gente mayor, eran factores de riesgo. Les dije que estuviesen tranquilos, que yo trataría de asistir y si en algún momento no podía ya les avisaría. Creo que Dios me ayudó en ese momento y pude estar asistiendo en esos primeros dos meses a la gente que me lo pidió.

P.: ¿Cómo era tu día a día? Imagino que no pararías casi por casa porque fueron unos días muy surrealistas.

R.: Reconozco que al principio me asusté un poco. Yo no tenía ningún tipo de papel, pero me dijeron que no me preocupase porque podía alegar que era el sacerdote y decir a dónde iba y lo que tenía que hacer. Fue un caos, esto fue muy complejo. Al principio, la funeraria me llamaba y me decía que iba a tener un funeral y luego cuando la cosa comenzó a complicarse, yo me iba por la mañana y estaba allí prácticamente todo el día. Estaba con los enterradores, que, de una forma muy callada, hicieron una labor tremendamente importante. Yo viví con ellos y lo hicimos como pudimos. Tratamos de paliar el dolor de esas familias, si era posible, que no pudieron despedirse de sus familiares. Tampoco pudimos hablar mucho porque la situación no nos daba como para estar hablando, pero al menos, esa presencia de la esperanza y de la Iglesia, era lo que podíamos ofrecer.

P.: Hubo mañanas que supongo que las pasaste enteras en el cementerio.

R.: Hubo momentos muy duros por cómo lo vivíamos. Estábamos toda la mañana esperando en el cementerio y fue realmente doloroso. En ese momento nos dimos cuenta de lo que significaba esta pandemia y de lo que para nuestras personas mayores estaba suponiendo. Es verdad que hubo entierros de gente de todas las edades, pero fundamentalmente de personas mayores. Casi podíamos decir que en ese momento era una sangría.

P.: Desde tu perspectiva, ¿cómo se trata de ayudar a los familiares?

R.: Era estar. Alguna familia me decía, por lo menos no nos sentimos solos. Eso me marcó mucho. Que a mí me dijeran: sabemos que alguien venía a pedir y venía a rezar por mi familia. Con eso es con lo que me tengo que quedar, es decir, el responso es lo que hay que rezar, pero que te digan eso, es muy reconfortante. Había fallecidos que eran acompañados solo por uno o dos familiares, e incluso, de rezar a algunos difuntos cuyas familias ni siquiera pudieron venir a despedirlo.

P.: ¿Es el peor momento tuyo como sacerdote?

R.: Es un momento distinto. En ese momento lo vives con mucha dificultad porque empatizas. Hay gente que me pregunta que cómo puedo hablar en un entierro y la verdad es que hay una cierta profesionalización a la hora de hacer mi trabajo. Lo cierto es que ahí notabas el sufrimiento de las familias muy en carne viva. Eso al principio también me afectó. Yo tuve la suerte de tener un amigo en Alcázar que es médico y nos llamábamos todos los días para contarnos lo que estábamos viviendo porque, en distintas experiencias, sentíamos prácticamente lo mismo. También con la compañía de los sacerdotes hizo que lo viviese reconfortado. Nunca hemos vivido algo así y estar de una forma tan directa, me llegó. He de decir que vi muchos gestos de las personas con las que compartía el día a día que hicieron que me sintiera acompañado.

P.: ¿Notaste algo de falta de fe en la gente o incluso en ti mismo?

R.: Sí. Lo notas en ti, porque quién en este momento siendo creyente no ha dirigido su mirada a Dios pensando en lo que nos estaba pasando. Lo mismo cuando ves los sentimientos de la gente, pero pese al dolor de los familiares, veía sentimientos de fe. No es lo normal, pero veías la fe y eso te hacía remontar a ti. Es verdad que son situaciones muy duras en las que nunca antes ninguno habíamos vivido. Habíamos oído vivencias de nuestros abuelos de cómo habían sufrido la guerra o incluso lo hemos estudiado, pero no tenía nada que ver con estar sintiéndolo. Hacerlo en primera persona también hace que afloren las dudas. He de decir que el acompañamiento de las personas por los medios que hoy tenemos (teléfonos, plataformas digitales, etc.) también nos ayudó.

P.: Las personas que se conectaban a la misa, los aplausos a las 20:00, etc. ¿Hay algún gesto que recuerdes con más cariño de todo lo que vivimos?

R.: El que te dieran las gracias en Facebook por poder estar en la Eucaristía o por ejemplo gente que no era de misa diaria, pero que en la cuarentena lo fue por nuestras retransmisiones… El otro día hablaba con un compañero sacerdote y decíamos: ha habido un grupo de gente a todos los niveles que se ha sentido muy comunidad. Es decir, cuando hemos notado la carencia de estar con la gente, hemos hecho mucha más comunidad sin posibilidad de juntarse. Yo creo que a nivel mundial ha habido una reacción de mucha gente de sentirse comunidad global o humana. Si esto, cuando superemos toda esta situación gracias a las vacunas y la rapidez de la ciencia, yo creo que esa idea de comunidad tiene que sobrepasar ese momento. Será ahí cuando no volvamos a la normalidad, que es algo que a mí me gusta mucho. Yo creo que tenemos que ir a una cosa nueva, donde el sentido de preocuparnos los unos por los otros sea algo en la Iglesia y sea algo de la comunidad: el pueblo, la sociedad, de nuestro país, etc. donde todos nos preocupemos y eso no se olvide. Creo que durante la primera ola nos mostramos más cariño que durante las siguientes y creo que no lo debemos perder. Esa experiencia yo la viví al principio. Es curioso que cuando más solo estás y cuando menos puedes salir, vives una experiencia de comunidad muy fuerte.

P.: Pasamos hasta el mes de mayo y junio, dejamos un lado el confinamiento y vuelven a abrir las iglesias para las misas con gente. Recuerdo un momento muy especial: seguía habiendo misas en directo en la página de Facebook, pero vas a la Parroquia de Altagracia, das la misa allí y haces una homilía que se recuerda mucho por tu llamamiento al cuidado de los mayores.

R.: Sí, lo hice porque los que habíamos vivido toda la pandemia tan de cerca, sabíamos de la importancia de cuidarnos. En el momento en el que se deciden abrir los lugares de culto con estas restricciones, recuerdo que lo primero que hice fue juntarme con enfermeras y pensar qué íbamos a hacer. Teníamos una serie de medidas que cumplir, pero no sabíamos muy bien cómo hacerlo. En el fondo cuando nos juntamos para diseñar la estrategia a seguir, nos dimos cuenta de que lo más importante era cuidar mucho a la gente. Cuando ha habido un confinamiento tan largo, al abrirse, hay gente que pensó que esto ya se había acabado. Ahí primordial el hecho de recalcar el mensaje de protegerse. Fue una apuesta muy importante, a veces comprendida y a veces no, ya que no todo el mundo lo entiende. Cerrar las puertas de una iglesia, es algo que sería inviable hace un tiempo. Hay que entender que todo esto lo hacemos por el bien de las personas. Teníamos y tenemos que cuidar de nuestra gente mayor porque es la que más acude con frecuencia a nuestras iglesias, no lo vamos a negar. Pensad lo duro que significa mirar ahora cuando dices misa y sabes que falta gente porque ya no está. Personas que eran de misa en la parroquia y ya no están y eso es muy duro. Esa homilía podía decirse que fue como un grito, ya que todo lo que no había dicho en meses, me salió en un minuto. Era lo que sentía y también corroborado por gente de la iglesia con la que yo había hablado.

P.: ¿Cómo es dar misa ahora con todas estas restricciones?

R.: El ser humano tiende a acostumbrarse a todo y hacemos normalidad de lo que hace un año o seis meses no era normal. Al principio me ponía muy nervioso cuando veías que la gente no se sentaba en las pegatinas o cuando alguien no traía mascarilla, era lo más normal del mundo. Es distinto y te planteas muchas cosas. Para Semana Santa, hemos tenido que plantearnos muchas cosas porque en el Miércoles de Ceniza, se nos llenaron las iglesias de Manzanares. Comuniones, confirmaciones, etc. hay que agradecer a todas las familias lo bien que se han adaptado. Vamos a tratar de responder de la mejor forma posible con la mirada siempre puesta en el mensaje claro de cuidarse y hacerlo también a los más débiles.

P.: Para finalizar, ya no como Iglesia de Manzanares, sino como Iglesia en general, ¿cuáles son los objetivos de futuro con estas circunstancias?

R.: Justo hace un par de días hablaba con un compañero y nos planteábamos esto. Es verdad que nos va a plantear retos pastorales que no sabemos por dónde van a salir. Igual que hay gente que durante este tiempo ha vivido mucho el sentimiento de unidad y de Iglesia, hay otros que se han quedado en el camino. Tenemos que seguir anunciando. Lo bueno es que el anuncio ya lo sabemos: Jesucristo y el amor de Dios. Pero a partir de ahí, lo más probable es que se requieran nuevas formas, nuevas maneras de llegar y nuevos retos pastorales. A mí estos no me asustan de principio, pero es verdad que va a requerir de nosotros un esfuerzo grande, pero tampoco sabemos cómo va a ser la sociedad en diez años y tampoco nos preocupa ahora. A corto plazo trataremos de seguir anunciando y también ser muy responsables con la situación que estamos viviendo. Es nuestra misión como Iglesia: seguir anunciando a Jesucristo.

Gracias José Felipe. Por mostrar y contar todo lo que viviste durante el confinamiento y también por cuidar de todo el pueblo de Manzanares. Destaco tu valentía en el peor momento de la pandemia, cuando decidiste dar un paso al frente y cuidar del resto de sacerdotes y también de nosotros. Fue un confinamiento realmente especial por haber podido pasarlo contigo retransmitiendo las misas en un contexto que era casi de película de ciencia ficción. Aprendí mucho de ti y no tengo ninguna duda de que seguiré haciéndolo. Gracias por abrirte conmigo y enseñar todo lo que hiciste. Para aquellos que quieran ver esta entrevista en formato de vídeo, la tienen completa en el perfil de Facebook de la Parroquia de Altagracia. Cuídense, cuidémonos.

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