Por Fernando Gallego Gutiérrez

Decía Jane Jacobs en su maravilloso libro Muerte y vida de las grandes ciudades, que cuando las calles de una ciudad ofrecen interés, la ciudad entera ofrece interés, cuando presentan un aspecto triste toda la ciudad parece triste. A veces pienso que Manzanares es una ciudad triste.

Sin ser urbanista, ni siquiera técnico, Jacobs se convirtió en una de las mujeres más influyentes en la materia urbanística de los últimos tiempos, se acercó a la disciplina con otra mirada, la del ciudadano de a pie, esa que a veces falta cuando proyectamos nuestras ciudades.

Manzanares tiene un POM, eso ya lo saben casi todos, este Plan de Ordenación Municipal fue aprobado en el año 2004, pero a estas alturas casi nadie conoce el modelo urbano-territorial previsto para nuestra ciudad.

Siempre he pensado que existen dos realidades urbanas en Manzanares, una es el polígono industrial, de escala territorial y otra realidad de escala local, excesivamente local, como dos trenes distintos, uno rebosante de tecnología, frenético, moviéndose a altas velocidades, y el otro más torpe, como un tren de mercancías, lento, nostálgico y a veces triste.

Este cruce de caminos y espacio fronterizo entre las antiguas órdenes de Santiago, Calatrava y San Juan ha dado como resultado un espacio de nadie y de todos, con un tremendo potencial para las actividades agroindustriales y logísticas.

En Manzanares eso de la España Vacía (me gusta decir la España Vacía, porque yo disfruté leyendo a Sergio del Molino en su Viaje por un país que nunca fue), la miramos de reojo, por un lado, el Campo de Montiel, por el otro el Campo de Calatrava, quedan muy lejos la Comarca de Almadén o la Serranía de Cuenca, que eso es otro cantar.

Aquí vamos resistiendo, este polígono es la vida, el hospital también, pero de otra forma. Hay quienes vienen apostando por un territorio castellano-manchego policéntrico, donde la escala de ciudades intermedias debería contener la sangría de la despoblación, pero nos encontramos con una Castilla muy fragmentada y una Mancha con una lucha encarnizada entre grandes ciudades como Alcázar, Valdepeñas, Tomelloso y Daimiel; donde quizás Manzanares perdió la partida hace tiempo y ahora, en el descuento, trata de hacer borrón y cuenta nueva, buscando su lugar en el territorio.

Como digo, Manzanares cuenta con Plan de Ordenación Municipal, que es el instrumento previsto por la legislación urbanística autonómica para la ordenación física de nuestras ciudades y nuestro territorio municipal. Desgranar este modelo en unas pocas líneas sería un poco pretencioso por mi parte, sirvan algunos breves comentarios para reflexionar sobre la necesidad del cambio de rumbo en la estrategia de crecimiento de nuestra ciudad.

Este POM planteaba, y plantea, un modelo urbano-territorial altamente expansivo, conformando una franja de suelo urbanizable en todo el arco sur, desde la carretera de Membrilla hasta la Autovía, colmatando todos los terrenos rústicos desde el término de Membrilla, a lo largo de toda la vega del Río Azuer, hasta el barrio de la Divina Pastora al oeste de la ciudad.

Probablemente pocos conocerán que el Plan prevé un crecimiento de miles de viviendas con una capacidad poblacional de más de 40 mil nuevos habitantes, en 29 ámbitos de desarrollo, que, unido a la capacidad poblacional del suelo urbano, daría como resultado una ciudad de más de 65 mil habitantes.

Corrían los años de la locura colectiva, crecer suponía hacer caja y hacer caja era más importante que dar soluciones a los problemas reales.

Es el mismo POM que inexplicablemente se olvidó de la ciudad consolidada, de sus plazas, sus calles, su patrimonio arquitectónico, de los pequeños detalles.

Tanto es así que se olvidó del Catálogo de Espacios y Bienes Protegidos, ese instrumento que debe formar parte del POM y que ayuda a proteger el patrimonio, en una empecinada actitud del propio municipio por obviar informes de la Consejería competente en materia de Patrimonio Cultural.

Y se olvidó del centro histórico, ese espacio de nuestra ciudad que pudo ser declarado Conjunto Histórico, como Almagro o Infantes, Manzanares tenía un rico patrimonio edificado que se dejó morir.

La poca sensibilidad del Plan con la ciudad consolidada, con un tejido urbano fruto de varios siglos de historia, se deja ver en algunas decisiones inexplicables que rozan la barbarie urbanística, me refiero a los obligados retranqueos de alineaciones. Alguien tuvo la feliz idea de pensar que este pueblo manchego debía adoptar aires de modernidad en su tejido urbano histórico, ensanchando calles, dando espacio suficiente al coche, ese elemento extraño a las ciudades históricas, matando moscas a cañonazos.

El resultado de tan feliz idea fue la mutilación de un gran número de calles del centro urbano (Miguel de Cervantes, Orden de Calatrava, etc), con un vaivén de alineaciones que ha degradado para siempre el paisaje urbano de estas calles.

Pero este Plan no solo puede calificarse como expansivo, a mi juicio tiene ciertas dosis de temerario, puesto que la una parte importante de las miles de viviendas previstas en suelo urbanizable se asentarían sobre terrenos inundables del Río Azuer.

La imagen adjunta, obtenida del Sistema Nacional de Cartografía de Zonas Inundables dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, me genera cierta inquietud. Esta imagen, de carácter probabilístico, representa la inundabilidad para un periodo de retorno de 50, 100 y 500 años.

Para aquellos que nos dedicamos a esta ciencia inexacta del urbanismo, esta zona inundable quedaría absolutamente vetada a posibles crecimientos, tendríamos todos los informes negativos del órgano competente en la materia, que no es otro que la Confederación Hidrográfica del Guadiana. Pues bien, es curioso que precisamente en ese ámbito donde el Sistema Nacional de Cartografía de Zonas Inundables da la voz de alarma, el vigente POM de Manzanares previó miles de viviendas. Espero que estos estudios se equivoquen.

Manzanares debe apostar por un modelo urbano y territorial sostenible, radicalmente opuesto, que mire hacia dentro, que ponga entre sus prioridades la rehabilitación, regeneración y renovación urbana; no se puede concebir un crecimiento residencial desmesurado mientras un alto porcentaje de edificaciones del centro urbano se encuentran abandonadas.

Se debe crear una modelo de ciudad que integre en el tejido urbano cuantos usos resulten compatibles con la función residencial, para contribuir al equilibrio de la ciudad, favoreciendo la diversidad de usos, la aproximación de los servicios, las dotaciones y los equipamientos a la comunidad residente, así como la cohesión y la integración social. Operaciones como la eliminación de dos importantes supermercados, en dos de las calles más importantes de la ciudad, que dan servicio a una población envejecida que habita en el centro histórico, por otro de mayores dimensiones que obligará a utilizar más el coche, que redundarán en un mayor abandono de la zona, quizás no sean el camino.

Apostar por una ciudad basada en los principios de accesibilidad universal y no discriminación de personas con discapacidad, mejorando la accesibilidad peatonal, tan olvidada en Manzanares hasta que en el año 2012 se tomara en serio el asunto y se convocara un concurso para la intervención en una parte importante del centro histórico, materializada con éxito posteriormente en las calles próximas a la Plaza de la Constitución. No parece adecuado anunciar la remodelación total de las calles San Marcos y Lope de Vega, y mantener las mismas barreras arquitectónicas preexistentes.

Se debe seguir poniendo suelo industrial a disposición de las actividades económicas, ejecutar actuaciones como el Sector 5, guardadas en un cajón inexplicablemente durante 5 años y por fin iniciada con grandes esfuerzos por parte del Ayuntamiento.

En definitiva, tratar de hacer una ciudad viva, más amable, con las personas en el centro de la planificación, menos triste a los ojos de Jacobs.

 

Fernando Gallego Gutiérrez es Arquitecto, master en urbanismo y ordenación del territorio, miembro de la Asociación Española de Técnicos Urbanistas, redactor de más de una veintena de Planes de Ordenación Municipal en Castilla-La Mancha; dirige la consultora Estrategias Urbanas.es.

 

 

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