Por Enri García Chaparro

Indignación. Según la Real Academia de la Lengua Española significa “Enojo, ira o enfado vehemente contra una persona o contra sus actos”.  Pues así me siento yo hoy ante la nueva noticia que vuelve a atacar al sistema educativo.  Me siento indignada como docente, como madre, como alumna y como miembro de la sociedad.

Desde la llegada de la democracia y el  posterior traspaso de las competencias a las Comunidades Autónomas, llevamos ya ocho leyes educativas, lo que nos da un promedio de cambio de ley cada cinco años. Una auténtica locura, porque lo que en un principio se aventuraba como un refuerzo y mejora en la educación queda demostrado que lo que es avanzar…avanzamos poco.

Para quien las desconoce aquí hago recuento:

1980: Ley Orgánica por la que se regula el Estatuto de Centros Escolares (LOECE)

1985: Ley Orgánica reguladora del Derecho a la Educación (LODE)

1990: Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE)

1995: Ley Orgánica de Participación, Evaluación y Gobierno de los Centros Docentes (LOPEG)

2002: Ley Orgánica de Calidad de la Educación (LOCE)

2006: Ley Orgánica de Educación (LOE)

2013: Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE)

2020: Ley Orgánica de Modificación de la LOE (LOMLOE)

No las voy a explicar porque si una no funciona, la siguiente lo hace menos. Lo que sí es cierto es que algo tan sensible como la educación no puede ir recayendo en los políticos de turno, conforme a un ideario u otro.

En esta última ya rozamos el remate, pues con el curso ya empezado se aprueba un decreto que otorga el mismo título a estudiantes con distinto nivel. ¡Ea! Desvestimos a un Santo para vestir a otro, afianzando a los alumnos que pudiendo no quieren y desmotivamos a los que quieren y les cuesta, para llegar a una partida igualitaria, dando la oportunidad de graduarse sin haber aprobado todas las asignaturas, frente a los que se gradúen con la suma de su esfuerzo y, a su vez, quitando todo tipo de “repescas” para recuperar los exámenes no aprobados…es decir, regalamos y punto. Y lo más fuerte si cabe, nos vamos a la EVAU con asignaturas suspensas. Como diría cualquiera ¡Viva la Pepa! Sólo faltaba ya que fuera con carácter retroactivo. A mí me resulta una medida que va a dejar de incentivar al alumno que se esfuerza a diario y, a su vez, genera una inseguridad jurídica entre los docentes, pues, en principio, se iba a contemplar un periodo de adaptación a esta nueva Ley gestionada por cada Autonomía, y, sin embargo, aquí lo tenemos de golpe y porrazo.

De la misma manera, llevamos tiempo conociendo que muchos trabajos, no solamente artesanos, van a ir desapareciendo paulatinamente por falta de personas preparadas para los mismos. La pandemia casi que nos ha dejado sin albañiles, y existe un gran desconocimiento de que en la Formación Profesional hay una rama dedicada a la edificación civil. Nos acordamos de los arquitectos que han de cursar su carrera universitaria pero desprestigiamos una formación que la tenemos a nuestro alcance. Sin albañiles no creo que hagan falta muchos arquitectos. Parece que en los últimos tiempos se está dando esa visibilidad que se merece la FP, pero no con la calidad que debería. Necesitamos trabajadores formados en el trabajo base, no solo en las Ingenierías.

Miedo me da pensar qué será lo próximo que nos tengan guardado. Las familias cada vez nos vemos más sometidas a la triste realidad. Los docentes vamos y venimos en la cuerda floja. Los alumnos cada vez tienen más carencias, y en lugar de recular, vamos de Ley en Ley como la falsa moneda de mano en mano.

 

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